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6 oct 2017

Noche


"La pezca nocturna"- Oleo sobre lienzo
Octavio Mendoza

Todo se ha detenido:
las horas de los hombres que duermen,
las alas de los pájaros que hallaron el nido
y el rayo de sol que vi partir tras la tarde.

Sombras misteriosas inician su danza,
festejo nocturno,
luto del espejo,
que niega la existencia.

Con tendencia a infinito




"Evocación de Italia"- Oleo sobre lienzo
Octavio Mendoza


Pregúntale a los hombres de ciencia por esto que crece sin medida.
¿Pueden acaso encontrar la exacta respuesta al límite de este 1 que eres tú
sobre esta x, figura indefinida que soy yo
con tendencia a infinito?

Mis alas se expanden en un vuelo tan alto.
Se precipitan a veces hacia el punto cero;
‑abismo matemático‑
donde todo cuanto pretende ser multiplicado
se reduce a la nada.
Allí, tan cerca de ser anuladas, se elevan
como frágil burbuja que encuentra salvación en un beso del viento,
y sin más salida que este indeterminado número de probabilidades
donde espero tocarte en algún punto,
emprendo de nuevo este viaje
‑curva de amor que has trazado‑
en el plano cartesiano de tus sueños.


El poema que no quiso ser escrito





Fui testigo de la guerra antes de mi nacimiento
Yo era un trozo de carne que intentaba latir
en un vientre acechado por la angustia

Resistimos el hambre de los violentos
La lluvia borró el silencio que dejaron las balas
Lavamos nuestras pesadillas en los ríos teñidos de sangre
y mordimos la oscuridad hecha ceniza
para enfrentar el miedo a un nuevo amanecer
con la muerte esperando

Vimos madres llorar a sus hijos
y esposas que eclipsaron el día con el luto en sus ropas
Nos aferramos cada noche a la protección de unos dioses
que aún no muestran su rostro
y ocultamos los sueños bajo el dintel de la puerta

Nuestra herradura de la buena suerte
fue la bendecida víctima de una bala perdida
para que yo pudiera creer en los augurios

Yo vi la guerra antes de mi nacimiento
conocí el llanto de mi madre
y el estrépito en el corazón de mi padre
antes que los cantos de cuna

Vi el naranjo agrio llorar sus naranjas podridas
y servir de refugio a quienes bajo sus ramas
intentaron borrar el infierno de la memoria

Y me preguntan a mí ¿por qué no escribo poemas  acerca de la guerra?

A mí, que aún sigo intentando callar el eco de sus voces durante mis sueños

3 oct 2017

El mar y sus abismos


"Atardecer en el trópico"-Oleo sobre lienzo
 Octavio Mendoza


Condenada a perder todas las batallas,
elegí ser mar en lugar de roca;
ser impulsada por el viento, sin temor a sucumbir
ante el oscuro vértigo de los acantilados;
porque después de la caída
sé de la fuerza con la que se levantan
mis enfurecidas olas
y de los remolinos que forman.

Sé de la suave espuma que resulta después de un estallido
-labios sedientos que se desvanecen al besar tus costas-

No evitaré mi sal, capaz de corroer los imponentes barcos;
ni evitaré la desembocadura de aguas dulces
que me traen noticias de otros mundos.

Contendré en mi vientre criaturas nobles, bestias feroces
y seré testigo de los amores que se abrazan con el vaivén
de mi música.

Sepultaré cadáveres y sueños,
pero valdrá la pena este infinito de contradicciones
porque sé que me hallarás un día.
Pedirás luz a las estrellas
para navegarme en las noches
y valiente como Ulises
enfrentar todas las tormentas
para conducirme a la orilla
donde mi cuerpo cristalino
sobre cálidas arenas encienda su danza;
tus pies se abracen a efímeras caricias
con el deseo de contenerme
o de regresar a mis aguas,
porque un marinero en tierra

es un hombre que ha perdido la vida.

2 oct 2017

Allí donde habita mi nombre


Si me escondo como hoy,
en los días que no tienen sonrisa;
en aquellos cuyas flores se marchitaron ayer
y olvidaron la destellante mirada de sus amaneceres,
y el vértice insobornable de una caída de sol.

Si me quedo suspendida bajo el silencio,
de estas paredes que no me traen recuerdos;
de una ventana que conduce a un bosque poblado de ausencias,
¡Ven y rescátame!

Yo estaré flotando en el viento con las hojas secas;
con el alma desnuda, que deja escapar la última gota de invierno
y aguarda sin prisa el néctar de la primavera.

Búscame en las mariposas que llenan el aire de color
y llevan tatuado el infinito en sus alas,
sin importar que en cada aleteo
su tiempo esté más cerca del último suspiro.


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